La nostalgia y el placer de la lentitud

In existential mathematics 

the degree of slowness 

is directly proportional 

to the intensity of memory 

The degree of speed 

is directly proportional 

to the intensity of forgetting 

Why has the pleasure of slowness disappeared? 

Este fragmento lo escuché por primera vez en una canción de Ana Roxanne, titulada Slowness (2019). La frase original es de Milan Kundera y la encontramos en su libro La lentitud (1995). El autor relaciona el término caminar con la memoria, en este sentido explica que una persona va andando y pensando en un recuerdo que le está costando de visualizar, en ese momento en el que intenta recordar su paso va desacelerando lentamente. En otro escenario una persona que acaba de vivir un incidente desagradable empieza a correr, para distanciarse completamente de ese pensamiento. 

En el ámbito de las matemáticas existenciales, se plantea que el grado de lentitud es directamente proporcional a la intensidad de la memoria. A su vez, el grado de velocidad está relacionado con la intensidad del olvido. Estos conceptos aparentemente abstractos encuentran su aplicación en nuestra vida cotidiana, en la forma en que experimentamos el mundo y en cómo nos relacionamos con nuestra propia historia.

La nostalgia, ese sentimiento melancólico y evocador, está íntimamente ligada a la memoria. Es un anhelo de volver a vivir momentos pasados, de sumergirse en la riqueza de los recuerdos y revivir las emociones asociadas a ellos. La nostalgia nos hace conscientes de la fugacidad del tiempo y de lo efímero de la vida. Es un recordatorio de la importancia de valorar cada instante y de atesorar las experiencias vividas.

Sin embargo, en la sociedad actual, la lentitud y el placer de saborear cada momento parecen haber desaparecido. Vivimos en un mundo acelerado, donde la prisa y la inmediatez son los protagonistas. La tecnología y la globalización han transformado nuestra forma de interactuar, de comunicarnos y de percibir el tiempo. La rapidez se ha vuelto una necesidad imperante, y la lentitud es vista como una pérdida de tiempo.

La velocidad está asociada al olvido. En nuestro caos diario, estamos constantemente expuestos a estímulos fugaces y cambiantes. La sobreexposición a información nos impide detenernos y reflexionar sobre lo que experimentamos. La prisa nos impulsa a pasar de una experiencia a otra sin permitirnos saborear cada una de ellas. La velocidad nos aleja de la memoria, nos desconecta de nuestra propia historia y nos impide apreciar el valor de lo vivido.

La lentitud, por otro lado, nos brinda la oportunidad de sumergirnos en la profundidad de la memoria. Nos permite conectar con nuestras vivencias pasadas, analizarlas, aprender de ellas y encontrar sentido en nuestra propia existencia. La lentitud nos invita a saborear cada instante, a detenernos a contemplar y a apreciar la belleza que nos rodea. Nos brinda la posibilidad de reflexionar, de tomar decisiones más conscientes y de construir una relación más sólida con nuestro pasado y con nosotros mismos.

Es fundamental encontrar un equilibrio entre la velocidad y la lentitud en nuestra vida. La tecnología y el progreso no deben ser vistos como enemigos de la memoria y la nostalgia, sino como herramientas que pueden potenciar nuestra capacidad de recordar y de valorar cada instante. Debemos aprender a aprovechar la velocidad para agilizar nuestras tareas y liberar tiempo para la contemplación y la reflexión.

La lentitud no implica detenernos por completo, sino permitirnos un respiro en medio del frenesí diario. Significa dedicar tiempo de calidad a nuestras relaciones, sumergirnos los pequeños detalles, pasear sin rumbo fijo o simplemente sentarnos a observar el mundo que nos rodea. La lentitud nos conecta con nuestra esencia, con nuestras emociones y con nuestra capacidad de recordar

Deixa un comentari