
Los artistas colombianos utilizan el arte y la cultura como canal para alzar la voz ante la nueva reforma fiscal
Viernes, 14 de mayo
Por Cristina Ferrando Fabián y Yeray García González
El 28 de abril del 2021 Colombia quedó paralizada cuando su presidente, Iván Duque, anunció una reforma fiscal que acabaría por empobrecer a una ya de por sí depauperada población y que aumentaría la riqueza de los poderosos. Los colombianos y las colombianas se lanzaron a las calles en lo que pasó a conocerse como el Paro Nacional y reclamaron, de una forma pacífica, la derogación de la reforma y una mejora en su calidad de vida.
Sin embargo, el gobierno colombiano respondió con represión y militarización, reprimiendo a la población civil hasta la muerte. Y, en medio de este campo de batalla, el arte y la cultura se colaron por una grieta e hicieron florecer el horror y la tragedia.
Con carteles, cantos, bailes y música típica el pueblo colombiano llena las calles con manifestaciones pacíficas para ser escuchados y revertir la situación que Iván Duque ha provocado con la aprobación de una reforma fiscal que afecta a muchos y favorece a muy pocos.
Esta protesta cultural tuvo como una de sus grandes protagonistas a Susana Boreal, una joven que el pasado 5 de mayo tomó el parque Los Deseos y dirigió una orquesta de más de 150 músicos que coreaban “el pueblo unido jamás será vencido.” Este parque de Medellín ha sido el escenario de multitudinarias muestras artísticas desde que inició la protesta. El viernes 7 de mayo se realizó la performance “Memoria y resistencia”, protagonizada por la comunidad LGTBI+. En ella, aunque las mascarillas escondieran miles de sonrisas; las manos, los cuerpos, las voces, la música y las composiciones gráficas muestran el sentir de todos de una manera creativa y diferente, pero sin dejar de lado el anhelo de reconciliación.
Las artes son un punto importante para amplificar la conversación y expresar de manera pacífica las necesidades de ambos bandos. De esta manera, la Orquesta Filarmónica de Bogotá decidió concentrarse durante tres días seguidos para llevar a cabo una ceremonia cultural y musical que haga ver a las autoridades que el pueblo no es el enemigo, que no son unos vándalos y en la que se invita al diálogo y a la escucha.

Las violaciones de los derechos humanos, los asesinatos a líderes sociales y la violencia generada a raíz del paro en Colombia son los motivos que han llevado a artistas de todas las disciplinas a salir a las calles a luchar por derechos que deberían estar garantizados. Una de las manifestaciones artísticas que engloba todo lo que reclaman los ciudadanos colombianos se encuentra en el Parque Nacional, en la ciudad de Bogotá. En ella se simula un tendedero, elemento donde regularmente se cuelga la ropa para que se seque al aire. En esta representación, las cuerdas del tendedero no recibían a las prendas de ropa, sino los mensajes que cualquier ciudadano que acuda al parque quiera dejar plasmado.
El arte no solo se ha vivido en las calles donde la ciudadanía lucha, también en los diferentes países donde los migrantes colombianos tuvieron que buscarse un futuro mejor y desde donde reciben, apenados e impotentes, las más tristes noticias. Un ejemplo es Amalín García, una joven diseñadora gráfica colombiana, que vuelve cada verano a su país de origen para visitar a toda su familia.
Desde las redes sociales, las ilustraciones de imágenes de la crueldad que viven, han ayudado a visibilizar su realidad y a hacer entender al mundo la situación por la que atraviesan, de una forma fácil y digerible.
Otra de las formas en las que el arte se ha convertido en un manifestante más ha sido la música. A través de esta han canalizado cánticos contra el presidente colombiano y han versionado temas tan famosos como ‘Bella Ciao’.
Andrea García es prima de Amalín y, como ella, su pasión es el arte. Desde su domicilio en Cali, ciudad que ha sido uno de los focos principales de las protestas, conectamos a través de videollamada y nos expresa su temor a que, por alguno de los cortes de luz que están ocurriendo con mayor o menor frecuencia en la ciudad, la llamada se corte y no nos pueda hacer llegar el dolor que está atravesando el pueblo colombiano.
‘Algunas fuentes hablan de casi un millar de heridos y una veintena de muertos, por no hablar de las personas que han perdido uno de sus ojos por los ataques de las fuerzas del orden. Mi pueblo está siendo masacrado y nadie puede detenerlo’. Esas son sus palabras que se clavan como un puñal. Después solo hay silencio.
Ella no se dedica al arte profesionalmente, aunque sí es su forma de expresión favorita. Nos muestra en pantalla una lámina donde se refleja el sufrimiento de varias figuras femeninas y masculinas, atravesados por la brutalidad policial y castrense. Entre los tonos ocres usados, predomina el ocre rojo, simbolizando la sangre derramada por la consecución de la igualdad social. Los tonos más oscuros, rozando el negro, están representado por las fuerzas agresivas de la ley, que golpean, mutilan y violan, que piensan que el mundo les pertenece.

Con esa pequeña muestra de arte, ella pretende canalizar su dolor y frustración, pues le asusta demasiado salir a la calle y luchar junto al pueblo. Teme que un día de protesta pacífica se convierta en su último día.
En el otro lado de la lucha, encontramos a Juanjo Rivera, otro amigo colombiano de Amalín. Él vive cerca de Medellín. Sin embargo, aunque simpatiza con la lucha de su pueblo, su padre trabaja para el Ejército colombiano y sus publicaciones en Facebook son más que desalentadoras. Su hijo, a escondidas de su padre, escribe canciones sobre la protesta, aunque no se atreve a hacerlas públicas, ante el temor del enfado de su padre si las llega a descubrir. A veces es mejor silenciar una voz que darle altavoz. El miedo los ata de pies y manos.
El arte y la cultura son las herramientas fundamentales para la construcción de una lucha que acabe con la desigualdad, porque el arte y la cultura son interseccionales, lo atraviesan todo, de arriba hasta abajo, de lado a lado, no dejan un solo recoveco de la sociedad por recorrer. Eso han comprendido los colombianos y las colombianas: las manifestaciones no son solo un espacio de lucha, son un espacio de cohesión social y expresión artística.
