De “PUTA” a “PUTO AMO”: lenguajes, desnudos y otros vestidos

Por Alba Abellán

Collage a partir de la obra de William-Adolphe Bouguereau, Le Guêpier

“Pertenecer a una cultura es pertenecer aproximadamente al mismo universo conceptual y lingüístico, es sa­ber cómo los conceptos e ideas se traducen a diferentes lenguajes, y cómo el lengua­je ­refiere, o­ hace ­referencia al mundo. Compartir estas cosas es ver el mundo desde el mismo mapa conceptual y dar sentido al mismo mediante el mismo sistema de lenguaje. Los tempranos antropólogos del lenguaje, como Sapir y Whorf, llevaron esta cuestión hasta su extremo lógico cuando sostuvieron que todos estamos, por así́ decir, encerrados dentro de nuestras perspectivas culturales o “estados de la mente”, y que el lenguaje es la mejor clave que tenemos para tal universo conceptual.”

Stuart Hall, Sin Garantías

Para bien o para mal, esta cita de Stuart Hall resume muy bien lo que significa, y delimita a la vez, el lenguaje. El lenguaje está configurado de este modo por una serie de acuerdos sociales que ya los tenemos muy asumidos y los utilizamos casi sin pensar. Las palabras son puros símbolos que no tienen nada que ver con el objeto real. El sentido se lo damos nosotros y lo vamos transmitiendo a las siguientes generaciones, que seguirán teniendo esquemas mentales casi idénticos a los nuestros. El mundo acaba donde acaba la palabra. A la vez, nuestro comportamiento y reacción ante cualquier situación puede ser un referente para las personas que nos rodean. Aunque la sociedad vaya transformando y moldeando todo tipo de lenguajes, poco a poco, aún hay expresiones de todo tipo que utilizamos, las cuales han estado presentes durante tiempo y que muestran, a su vez, este abuso de poder. El querer posicionar siempre al hombre por encima de la mujer. 

Aunque es muy dura “puta” es una palabra que se utiliza muy a la ligera y no siempre para insultar. Recuerdo en el instituto, que entre un grupo de amigas se llamaban “putas” entre ellas. Alguna vez, como símbolo de amistad, me habían llamado así y no entendían como me podía molestar al oír que habían utilizado ese término. No obstante, no solo ocurre en los entornos académicos o de edades prematuras. En sociedad hay muchos hombres que utilizan el término para llamar a sus amigas o parejas, lo cual me parece peor.

Si nos paramos a pensar, ¿Cómo sería el equivalente de esta misma expresión en términos masculinos? Sí, podríamos decir que, en algunas ocasiones, como por ejemplo después del acto sexual, podría ser “el puto amo”. Mientras a la mujer se la tacha de guarra, el hombre es el que acaba ganando, siendo una especie de semi-dios dominante. Otros ejemplos de expresiones que deberíamos eliminar de nuestro lenguaje a causa de su significado machista pueden ser “esto es un coñazo”, que casualmente es un concepto opuesto a “esto es la polla”. Lo cual ridiculiza todo lo relacionado con el componente femenino asociándolo a lo aburrido y al poner por los aires o elevar al masculino. Frases como “corres como una niña”, “eres una nenaza”, “tu puta madre” o “hijo de puta”, donde, sin ser ni siquiera conscientes muchas veces, se culpabiliza, no al individuo, sino a la mujer que lo ha criado, también siguen en esta misma línea. 

No obstante, el lenguaje no es solo verbal o escrito, hay de otros tipos como ahora el visual. Ese lenguaje es aquel donde se utilizan imágenes y símbolos de todo tipo para expresar ideas o explicar historias desde el punto de vista del creador. El cual, al ser una persona humana, que también forma parte de la sociedad, todo este entramado de conexiones abusivas se evidencian e incluso se exageran para que nos cause un impacto mayor. Poniendo dos ejemplos visuales: por un lado la exageración, en el caso del cine, se puede ver claramente con La Naranja Mecánica, en la película se magnifica la violencia y el sometimiento; y por otro lado, la estandarización, para así sentirnos identificados con ese personaje o situación como En busca de la felicidad

Pero, debemos tener en cuenta, que las películas son ficción y que, por lo tanto, pueden no representar la realidad. Se ha demostrado que muchas de las escenas eróticas que aparecen en el mundo del cine podrían llegar a contemplarse como abuso si se dieran en la realidad. No obstante, estos siguen siendo ejemplos muy gráficos de comportamientos que se podrían imitar en la vida real. Es lo que intentó un estudiante de Chicago, Mohammad Hossain, al representar escenas eróticas de la película 50 sombras de Grey, con resultado de violación. El joven de 19 años, fue encarcelado después de que se le impusiera una fianza de 500.000 dólares. 

Los roles que se han impuesto en esta serie de producciones, se van repitiendo hasta la saciedad y ahora, gracias a dios, en algunos ámbitos empiezan a cambiar. Nos han mostrado qué papel debemos tener dentro de la sociedad, lo hemos interiorizado de tal manera que muchas mujeres hemos, en algún momento de nuestras vidas, soñado en ser una protagonista de la gran pantalla, aquella que se enamora del príncipe y viven felices y comen perdices. Pero no es así. Somos diferentes y los objetivos de una seguramente no son los de otra y viceversa, al igual que nuestras definiciones de felicidad. 

Dejadme hablar también de ciertos tabúes. En cualquier producción cinematográfica, sin problema, cualquier hombre puede acabar sin camiseta. No obstante si al contrario lo hace una mujer seguramente la clasificación de edad que tendría sería muy diferente. Muchos dicen que es por los pechos, pero por normativa se pueden distribuir imágenes en las que aparecen mujeres semidesnudas solo cubriéndoles los pezones. Entonces, ¿Qué diferencia hay entre un pezón u otro?, ¿Entre el femenino y el masculino? Son pezones igual. 

John Berger en Modos de Ver, habla sobre el desnudo y de cómo, en cierta medida, se entiende como un vestido. Supongo que en este modo coincido con él, no es la falta de ropa lo que hace que un personaje este desnudo, sino la actitud. En el libro se hablan de cantidad de obras de arte donde aparecen personajes femeninos, musas, y nos muestran la presencia de la mujer, la cual no posa naturalmente, sino con la intención de ser vista y contemplada. Muchas veces pintada por pintores masculinos que se deleitan pintando sus cuerpos de deseo. De la misma manera pasa en películas o fotografías pornográficas, donde las mujeres posan sin miedo a ser vistas. Pero, ¿Son estas realmente conscientes de lo que podrían significar estas imágenes para el hombre?

“El supervisor que lleva la mujer dentro de sí es masculino: la supervisada es femenina. De este modo se convierte a sí misma en un objeto, y particularmente en un objeto visual, en una visión.”

John Berger, Modos de ver

Incluso desde el código de vestuario, a las mujeres se nos ha convertido en un objeto de deseo, no es ninguna novedad. Nuestra manera de vestir se ha implementado durante toda la historia, llena de impedimentos, de corsés apretados, de faldas voluminosas, de pelos largos y tacones. Es la muestra de cómo la sociedad nos ha, de manera muy o no tan evidente, puesto en un pedestal malicioso del que no podemos bajar. Somos las primeras en querer apropiarnos de estos cánones.  

No obstante, ahora hemos evolucionado hasta el punto en el que todos estos elementos, que en cierta manera, servían para inutilizar a la mujer, son elementos muy comunes en nuestro día a día. De tal manera que podemos trabajar sin problemas llevando tacones de un palmo, vestidos ajustados o uñas kilométricas. Lo que, estaría genial si no fuera porqué de otra manera estaríamos “incumpliendo la norma”. Poniendo un ejemplo claro, de manera sistémica, en las oficinas, debemos trabajar con cierto atuendo, incluyendo los tacones, un buen vestido y maquillaje. Si se necesita de tal indumentaria para trabajar en un espacio privado, imaginaros de cara al público. 

Ahora, no obstante, el discurso ha cambiado y son muchos los que sueltan la típica frase de “se lo ha buscado, mira cómo iba vestida.” Que se comente esto por las calles me parece mal, pero que este mismo sea un argumento válido en un juicio es aún peor. En 2018 en Irlanda una adolescente de 17 años fue agredida sexualmente por un hombre adulto y, en el juicio, el abogado del presunto agresor, que finalmente quedó absuelto, argumentó que la chica podría haber consentido el acto, ya que llevaba un tanga de encaje. Como si las mujeres nos levantáramos cada mañana pensando: “A ver, ¿Qué ropa interior me pongo hoy? ¿Quiero que un hombre que me triplica la edad me viole? Sí, va, me pongo el tanga de encaje.” 

Esto mismo es lo que reivindican el grupo feminista Las Tesis, que han sido incluidas en la lista de los 100 personajes más influyentes de 2020 según la revista Times. Estas, junto a un gran grupo de mujeres chilenas, cantaron y bailaron con los ojos vendados la ya mundialmente famosa canción Un violador en tu camino:

“Y la culpa no era mía, ni dónde estaba, ni cómo vestía.
El violador eras tú.” 

Las Tesis, Un violador en tu camino

Que una mujer lleve o no una ropa u otra no es, en ningún caso, signo de consentimiento ni una mísera excusa para justificar un abuso de poder. Así que, para acabar, y como decía la cantante Kathleen Hanna:

“Tenemos el jodido derecho de ser hostiles, y no me voy a sentar modo paz y amor con las botas de alguien contra mi cuello.”

Kathleen Hanna, vocalista de Bikini Kill

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